Ir al contenido principal

kiloEMtro: Un Camino de Lucha y Esperanza


Desde que me diagnosticaron, tomé la decisión de vivir cada día al 100%, de aprovechar cada momento con intensidad y de vivir cada jornada como si fuera la última. Decidí hacer que mis días realmente contaran y, sobre todo, que mi familia fuera mi motor. Me comprometí a estar con ellos de verdad, a dedicarles tiempo de calidad, a cuidar de mis hijos y de mi esposa. Decidí cuidarme lo más posible, con el único objetivo de sentirme bien, de verme bien para ellos, para seguir dando batalla a la huésped no invitada.

Dejé de fumar, comencé a correr, a comer de manera más saludable y, posteriormente, dejé de consumir alcohol. Todo esto, solo con un objetivo: sentirme bien, estar bien para mis hijos, para no rendirme ante la Esclerosis Múltiple.

Con el paso de los días, este cambio en mi vida, este nuevo enfoque, este nuevo estilo de vida, fue tomando forma. A medida que sumaba kilómetros, decidí darle un nombre: kiloEMtro.

kiloEMtro es mucho más que una simple palabra compuesta. Es la razón por la que sigo adelante, por la que sigo sumando kilómetros. Es el motor que me impulsa a dar cada paso, la convicción de que la Esclerosis Múltiple no podrá detenerme. Es lo que me recuerda cada día que tengo una enfermedad, pero también es lo que me hace dar gracias a Dios por permitirme seguir, por darme la oportunidad de avanzar un kilómetro más, de dar un paso más.

Sé que esto apenas comienza. Sé que llevo solo 4 años desde el diagnóstico y que aún me esperan muchas batallas por librar. Ganaré muchas, algunas tal vez no, pero tengo la firme convicción de que pelearé hasta el final, que no me dejaré vencer y que daré hasta el último aliento en esta lucha.

No ha sido fácil. En este tiempo he tenido caídas y me ha costado adaptarme al cambio. Pero, aunque suene a lugar común, lo importante no es cuántas veces caes, sino cuántas veces te levantas, y cómo lo haces.






Comentarios

Entradas populares de este blog

Hazlo bien hecho

Ya ha pasado algo de tiempo desde la última vez que escribí. En realidad, no sé por qué dejé de hacerlo; no sé si fue el ajetreo de la vida, el trabajo o los niños, pero el punto es que aquí estoy. Estaba leyendo algunas de las entradas y me detuve a leer, a detalle, la de “Un kilómetro a la vez”. Me sorprendió la parte de no hacerle caso al cuerpo, sino hacerlo con el alma, con el corazón. Tantos años después, me doy cuenta de que olvidé ese consejo que me di. Porque no aplica solo en las carreras —que ya no hago tanto como me gustaría—, aplica en la vida, en el actuar diario. Y creo, en general, que de eso se trata: de poner el corazón en todo lo que hagamos, de dejarnos, de entregarnos completamente en cada paso. No fluir con el río, no dejarnos llevar, sino nadar contra corriente y luchar por dejar una huella visible, una marca propia. En tu trabajo, en tu familia, incluso en tu entretenimiento: hazlo bien hecho. Y como escribí hace ya 10 años, no por los demás, no por el qué dirán...

Renacer: El Poder de Encontrarte y Seguir Adelante

La vida me ha dado innumerables oportunidades. También me ha regañado y golpeado, como si me gritara: “La estás arruinando, ese no es el camino, te estás perdiendo.” Y sí, me perdí por un buen tiempo. Volví a las andadas, me dejé llevar por la corriente, y terminé en un lugar muy oscuro, un lugar en el que, según yo, permanecí demasiado tiempo. Pero creo firmemente que la vida es una escuela. Un espacio donde, con esfuerzo, determinación y un puñado de errores, puedes encontrar tu rumbo. Y si llegas a perderlo de nuevo —porque, sin duda, volverá a pasar— debes levantarte, sacudirte el polvo y empezar de nuevo. Lo único prohibido es estancarse, quedarse en el hoyo y rendirse. Rendirse no es una opción. Dios nunca se cansa de levantarte, y por eso debes seguir adelante, siempre adelante. Con cada golpe, con cada herida, con cada pena, y también con cada alegría, tienes la obligación de continuar. Por ti. Por quienes te aman. Por Dios. Hubo un momento en el que olvidé quién era. Por un ...