Desde que me diagnosticaron, tomé la decisión de vivir cada día al 100%, de aprovechar cada momento con intensidad y de vivir cada jornada como si fuera la última. Decidí hacer que mis días realmente contaran y, sobre todo, que mi familia fuera mi motor. Me comprometí a estar con ellos de verdad, a dedicarles tiempo de calidad, a cuidar de mis hijos y de mi esposa. Decidí cuidarme lo más posible, con el único objetivo de sentirme bien, de verme bien para ellos, para seguir dando batalla a la huésped no invitada.
Dejé de fumar, comencé a correr, a comer de manera más saludable y, posteriormente, dejé de consumir alcohol. Todo esto, solo con un objetivo: sentirme bien, estar bien para mis hijos, para no rendirme ante la Esclerosis Múltiple.
Con el paso de los días, este cambio en mi vida, este nuevo enfoque, este nuevo estilo de vida, fue tomando forma. A medida que sumaba kilómetros, decidí darle un nombre: kiloEMtro.
kiloEMtro es mucho más que una simple palabra compuesta. Es la razón por la que sigo adelante, por la que sigo sumando kilómetros. Es el motor que me impulsa a dar cada paso, la convicción de que la Esclerosis Múltiple no podrá detenerme. Es lo que me recuerda cada día que tengo una enfermedad, pero también es lo que me hace dar gracias a Dios por permitirme seguir, por darme la oportunidad de avanzar un kilómetro más, de dar un paso más.
Sé que esto apenas comienza. Sé que llevo solo 4 años desde el diagnóstico y que aún me esperan muchas batallas por librar. Ganaré muchas, algunas tal vez no, pero tengo la firme convicción de que pelearé hasta el final, que no me dejaré vencer y que daré hasta el último aliento en esta lucha.
No ha sido fácil. En este tiempo he tenido caídas y me ha costado adaptarme al cambio. Pero, aunque suene a lugar común, lo importante no es cuántas veces caes, sino cuántas veces te levantas, y cómo lo haces.


Comentarios
Publicar un comentario