Ya ha pasado algo de tiempo desde la última vez que escribí. En realidad, no sé por qué dejé de hacerlo; no sé si fue el ajetreo de la vida, el trabajo o los niños, pero el punto es que aquí estoy. Estaba leyendo algunas de las entradas y me detuve a leer, a detalle, la de “Un kilómetro a la vez”. Me sorprendió la parte de no hacerle caso al cuerpo, sino hacerlo con el alma, con el corazón. Tantos años después, me doy cuenta de que olvidé ese consejo que me di. Porque no aplica solo en las carreras —que ya no hago tanto como me gustaría—, aplica en la vida, en el actuar diario. Y creo, en general, que de eso se trata: de poner el corazón en todo lo que hagamos, de dejarnos, de entregarnos completamente en cada paso. No fluir con el río, no dejarnos llevar, sino nadar contra corriente y luchar por dejar una huella visible, una marca propia. En tu trabajo, en tu familia, incluso en tu entretenimiento: hazlo bien hecho. Y como escribí hace ya 10 años, no por los demás, no por el qué dirán...